23.12.09

Librero vs. Kindle

Desde hace años mis libros han vivido una especia de vida errante. Algunas veces han vivido en cajas, otras apilados y divididos por cambios de vida, de país y de casa. Hace un mes por fin llegamos a la impostergable tarea de mandar a hacer unos libreros. El carpintero tardo 2 semanas en terminarlos y le quedaron bien. Uno tiene 4 columnas por 5 renglones por decirlo de alguna manera. El otro sólo dos columnas por 6 renglones. Cuando por fin estuvieron listos, emocionada comencé a clasificar los libros por temas para acomodarlos. La niña que nos ayuda con la limpieza estaba francamente confundida con mi acomodo, ella pensaba que debían acomodarse por tamaños. En fin. Al principio pensé que no se iban a llenar pero resulta que están casi al 100% y todavía no termino de acomodarlos todos. Así iba la historia de los libreros cuando en una de esas comidas aburridas de la vida, me quedé pensativa y así, distraída revisé mis correos para leer alguna novedad. La novedad era el último correo de amazon.com sobre las ofertas para hacerse de un Kindle.

  1. Pides el Kindle y el envío es gratis. Cosa que no sucedió porque sólo aplicaba para USA, pero eso ni importa, uno ya sabe que con todo y gastos de envío a veces es más barato comprar en amazon.com
  2. El paquetito llega en 2 días. Y así fue, en serio, nunca me había llegado nada de Amazon.com en 2 días.
  3. Cuando tomas el dichoso paquetito entre tus manos por primera vez te das cuenta de que NO PESA nada. Pesa más el Iphone.
  4. Lo prendes y te da la bienvenida personalizada. A partir de ese momento puedes leer el manual que ya viene cargado y comenzar a comprar libros que para ser exactos se tardan 30 seg. en bajar a tu Kindle. Ni siquiera necesitas configurar nada.
  5. En mi caso no lo logré tan fácil porque tenía registrada una tarjeta de crédito que ya había expirado y no me pudieron hacer el cargo, que en ese momento no me importó porque ya me iba a dormir.
  6. Al día siguiente tenía 3 correos sobre mi compra para Kindle, todos muy breves y claros, explicando qué tenía que hacer para realizar la compra del libro de la noche anterior. Con dos clics el libro ya había llegado al novedoso gadget.
  7. Ya pasé la etapa de familiarizarme sus funcionalidades: Puedes aumentar o disminuir el tamaño del texto, buscar palabras en el diccionario, subrayar, escribir notas, poner marcadores, suscribirte a periódicos, revistas, blogs, transferir a texto y a tu computadora, etc.
  8. Leer en el aparatejo al principio es raro. No es una pantalla brillante, más bien es mate para darle el efecto de que estás leyendo una página de un libro. Me estoy acostumbrando.
El punto es que después de años de cargar con mis libros y por fin, prepararles un lugar apropiado para acomodarlos me encuentro con que quizá ya no es tan necesario. Al librero le caben unos máximo unos 600 libros, al Kindle le caben 9,000. La hechura del librero se llevo 2 semanas y el acomodo se está llevando más o menos el mismo número de días. Kindle me llegó en 2 días y su acomodo y clasificación se hace en minutos.

Así que en este encuentro que sale ganando Kindle. No sé qué pensaría Johannes Gutenberg al respecto.

1.12.09

La propina

Tengo una amiga filosísima. Cuando digo filosísima quiero decir que ella es como mosquetera, siempre trae la espada desenvainada. Antes de ser mi amiga fue mi compañera de trabajo y en entonces recuerdo muy bien como ella era el último recurso para cualquier proyecto. Si alguna persona estaba flojeando, era presa de la indecisión o simplemente se le había ido el avión en un franco descuido, llamaban a mi amiga para meterlo en cintura. A nadie le gustaba mucho que digamos que llegara mi amiga con su espada (lengua) desenvainada y su arrojo (actitud) dispuesta a tener un duelo (Fight! Fight! Fight!). De hecho eran muchos los que se ponían la pila con tal de evitarla. Trabajar con una persona así no es fácil, es muy exigente y perfeccionista en extremo con ella misma y con los demás. Y bueno, ¿Qué esas no son buenas cualidades? La neta, sí son, pero a nadie le gusta que le digan que se apure, que algo de su trabajo está mal, que es una estupidez, que es poco profesional porque no cumple sus compromisos. Es una experiencia muy fuerte. Yo me siento afortunada de que seamos amigas, es brutalmente franca pero también es cariñosa, empática e interesante.

Hace unos días comimos juntas y se quejó con el mesero de varias cosas. Lo típico:

  • el tamaño de una bebida era minúsculo y su precio mayúsculo,
  • el mesero mintió sobre la disponibilidad de un platillo, dijo que ya no había y era demasiado temprano para que se hubiera acabado,
  • el café estaba frío y
  • no le dieron cuchara para remover el azúcar.

Además de señalarle al mesero todos estos detalles, al final me informó que no dejaríamos propina. No me sorprendió nada porque es el tipo de actitudes que ella tiene, pero lo que sí me sorprendió fue mi actitud. Externamente estaba de acuerdo, internamente, me sentí culpable. ¿Pero por qué diablos me sentía culpable? ¿Por la costumbre de dejar propina? ¿Por pensar que el mesero podría estar ganando muy poquito y las propinas eran la parte más importante de su ingreso? ¿Por parecer coda? ¿Y eso qué? Estamos acostumbrados al mal servicio y a dar “propina” por ello, una vez más en México no se castigan los errores, simplemente se pasan por alto.

Hoy cuando fui a comer, se tardaron horas en atenderme, se estaban peleando para ver quién NO me atendía porque todos los meseros estaban muy ocupados, no me dieron pan aunque 20 minutos después alguien me dijo que lo traería y sorpresa, nunca llegó, tampoco llegó el popote que pedí y bueno para mi mala suerte me senté cerca del área de juegos, así que los niños que pasaban corriendo de ida y vuelta a mis espaldas, dejando una estela de juventud a su paso tampoco me tenían de lo más cómoda.

Cuando fui a pagar, la cajera me preguntó si me habían atendido bien y yo recordando a mi enérgica amiga, le contesté que no y le comenté por qué. Lo único que me dijo fue: le ofrecemos una disculpa. Lo mejor fue que el señor que había pagado antes que yo escuchó mi queja y la respuesta de la cajera, en ese momento se regresó a quejarse también porque su comida estaba quemada. ¿Entonces, con disculpa todo se arregla? Lo bueno es que el Gerente estaba por ahí y cuando se unió a la disculpa le dijimos que más bien tomará nota y mejorara el servicio. Obvio no dejé propina y ya no me sentí nada culpable.