17.5.07

Auricŭla




O en plain pinguin: mis orejotas. A veces quisiera no escuchar lo que los demás dicen. Llegan a mis oídos chismes, quejas, llantos, enojos, secretos, alegrías y cortesías. No es que tenga oído biónico ni mucho menos. Probablemente mi capacidad de escuchar de más, está asociada con la capacidad que tenemos todas las mujeres de hacer varias cosas al mismo tiempo. Lo peor es que cuando oigo de más, es muy pero muy difícil contener mis ganas de opinar sobre el asunto en cuestión. Cuando es innevitable porque es algo triste busco la manera de provocar un acercamiento para solidarizarme con la persona que lo está expresando. La verdad es que no me agobia oír de más, lo que me agobia muchas veces es lo que oigo. Afortunadamente para mí, me ayuda a estar alerta en todo momento. ¿Está mal? ¿Debería de abstraerme en mi micro universo en lugar de recibir toda esa información?

Después de mis tres primeras entradas (lingua, oculus y auricŭla) retomo el fascinante viaje a Japón de diciembre para buscar (como dice mi amiga Sandra) la virtud en esta vida.
See no evil, hear no evil, speak no evil...¿Será?

1 comment:

Microturbian said...

A mi me pasaba lo mismo, la necesidad de opinar te consume y lo único que logras es que te digan, "y a ti que" o no digan nada y solo te conviertas en un metiche profesional.

Yo creo firmemente que es una virtud, pero como dice el dicho "información es poder", guarda esa información para que te dé poder para otro momento. Jamás dés una opinión si no te la piden, porque estarías demostrando que solo andas de "oreja alegre" por la vida.